OPINIÓN: Relato de cómo entro un niño de la calle al programa de Reeducación.

POR: YORIK PIÑA
Estoy en el local del comedor de Patricia en la Santiago Peguero, frente a Foodtopía, estoy comprando un jugo de limón con 100 pesos. Necesito menudo para pagar el lustre del calzado a uno de los adolescentes que ejercen ese trabajo en el malecón.
Este joven tenía un olor nauseabundo y ya le había comentado que debía bañarse más a menudo para que tenga más clientes y haga más dinero.
Aparece otro limpiabotas que me mira y me saluda:
Joven: -Yo soy con el que usted habló hace unos días, cuando yo estaba acostado en los cartones- (Hacía 8 días que lo había visto tirado encima de unos cartones, justo al lado del comedor).
YP: Ah! y ¿cómo te va? ¿Le entregaste la tarjeta a tu abuela? (Le había sugerido que vaya junto a su abuela al consultorio para recabar información sobre su comportamiento y plantearnos la posibilidad de recibirlo en el programa)
Joven : No, el papelito (la tarjeta de presentación) que usted me dio, se me perdió.
YP. Recuérdeme. ¿Dónde está tu padre?
Joven: ¿Cuál? Mi papá verdadero vive en la capital y el que me crió está preso.
YP: ¿Con quién tú vives aquí?
Joven: Con mi abuela.
YP: ¿Donde vive tu abuela?
Joven: En Baitoíta.
YP: ¿En qué curso tú estás?
Joven: Pasé a sexto.
YP. ¿En qué escuela?
Joven: En el CEM (Es el Colegio de Orelvis que en la tarde es una escuela Pública)
(Me llama mucho la atención el trato respetuoso que me dispensa. Usualmente esos niños son irrespetuosos y mandan a cualquiera para el carajo)
YP: Hummm. Seguro que estás en la escuela y que vives con tu abuela en Baitoita?
Joven: Si usted quiere llámela, yo tengo el número.
YP: Dame el número.
(Me dio el número con 849 y contestó otra persona. Le reclamó que no es el número y me dice que parece que se equivocó y que el teléfono inicia con 809).
Llamo al nuevo número y la abuelita me contesta. Me comenta que el joven vino de la capital porque no lo soportaba una tía en donde vivía. Llegó a la casa de la abuela por una puerta y salió por otra, a la calle, y nunca más lo ha vuelto a ver desde el día que llegó hace un mes.
Era notoria la contrariedad porque pensó que yo no iba a llamar.
Le cuestiono sobre lo que me dijo su abuela. Trato de inspirarle confianza y parece que lo acabo de lograr y le digo:
YP: Ve donde tu abuela y dile que vaya contigo al Consultorio.
Joven: Está bien.
Terminada la conversación llamo a uno de los jóvenes que «conchan» en la esquina del Parque Infantil y me dice:
Joven: Ese es primo mío.
Cuando llega el concho le pregunto que si lo conoce y asiente.
Concho: Ese es mi primo, confirma y le dice:
Concho: «Trata de llevarte de ese señor que él ha ayudado muchos jóvenes en Barahona. Yo conozco uno en La Raqueta» que está trabajando en Neyba y me habla de lo bien que le ha ido con el programa que este señor tiene.
YP: Llévame a mi casa.
Concho: Si usted quiere yo lo llevo a usted y después se lo llevo a él y lo voy a buscar cuando usted me llame.
Joven: Si, yo quiero ir.
En el transcurso, del camino a la casa, el concho, de quien soy cliente hace unos años, me confirma todo lo que el joven me había mencionado.
Le pregunto que por qué no se lo lleva a vivir para su casa y yo me hago cargo de la educación. Me contesta que es pobre y que no tiene donde tenerlo; pero que él puede llevarlo cada vez que tenga que ir al local. Se comprometió a llevarlo y buscarlo cuando sea requerido por mí.
Llego al consultorio y al poco rato, llega el concho con su primo.
Sacamos 2 sillas a la galería porque nadie puede entrar al local que no esté inserto en el programa. Iniciamos la conversación.
Le muestro mis certificados y los libros que he escrito, es decir me presento. La confianza es fundamental para el éxito del programa y es lo primero que se intenta desarrollar.
El conocimiento mutuo de su primo, el concho, le dio mucha confianza al joven porque de seguro que cuando le traía al local le habló de la ventaja de pertenecer al programa porque lo conocía. (Le llevaba, diariamente el almuerzo a uno de los traviesos que no era pobre y su familia pagaba por el servicio).
Se reanuda el diálogo:
Te agrada vivir en la calle?
Joven: (Se sonríe) Si, para estar con mis amigos
Ahora intentamos explicar que es el programa:
YP: En el programa se te pide que hagas todo lo posible para que tu conductor de programa, que soy yo, confíe en ti. Yo haré todo lo posible para que tú confíes en mí. Yo debo ser para ti una figura paternal y debo ofrecerte mi tiempo, mi esfuerzo, mi cuidado y mi afecto paternal. Le explico lo que eso significa. Es es proteger a un niño.
YP: La exigencia que te hace el programa es que seas obediente y que nunca mientas a tu conductor de programa.
YP: ¿Estás dispuesto a ser obediente y nunca hablar mentiras a tu conductor?
Joven: Si señor
YP: No es obligatorio que tú entres al programa. Aun más, ya que lo conoces puedes negarte a estar en él. Si quieres puedes pensarlo y volver cuando tomes una decisión.
Joven: No lo voy a pensar. Yo quiero estar en eso.
El programa contempla una estrategia para que la confianza sea lo más rápida posible, entre el conductor del programa y el reeducable.
Es necesario que el conductor asuma un rol de autoridad familiar: padrino, tío, abuelo, etc.)
YP: ¿Que quieres que yo sea para ti, tu tío, padrino, abuelo?
Joven: Yo quiero que sea mi papá.
YP. Un padre tiene el deber, que son tus derechos, de vestirte, alimentarte, buscar la salud cuando la hayas perdido, mandarte a la escuela, no permitir que nadie te haga daño, darte una formación en valores para que cuando logres la adultez, estés preparado y tengas un trabajo digno. El programa termina cuando eso ocurra.
YP: Tú tienes el deber, que son mis derechos, de obedecer, decir siempre la verdad y copiar o aprender los valores que ves en mí y practicarlos con los demás. Tengo el deber de administrar tu formación aplicando la disciplina de las consecuencias (Se explicó)
YP: Estás de acuerdo con entrar al programa.
Joven: Si señor
YP: Puedes tomar tu tiempo para pensarlo.
Joven: Ya lo pensé. Yo quiero estar.
El joven entro al local. Como no había comido durante todo el día se le ofrecieron 2 panes con cebolla, jamón y tomaticos, un vaso de leche. Se sintió satisfecho.
Se le informó que en este local está reglamentado el chateo y que al principio no puede chatear; sino ver videos de youtube de chistes, muñequitos, etc.
Joven: yo quiero ver videos de música cristiana.
YP: Vas a la iglesia
Joven: A veces con mi abuela
YP: Yo no te voy a ordenar que asistas a la iglesia; pero me agrada que lo hagas. Si Dios no te obliga, quien soy yo para hacerlo.
Joven: Si usted quiere, cuando yo salga de aquí voy a la casa de mi abuela y me quedo allá. Vengo mañana a desayunarme y a comer.
YP: ¿Que deportes practicas?
Joven: Basket Ball
YP: Yo tengo una bola de Basket de cuatro que donó Miguel Molina, un ex alumno de mi colegio FAME. Te la voy a obsequiar; pero esa bola ni se regala, ni se vende, ni se empeña. Tiene que «morir de vieja» en tus manos
YP: Mañana Vamos a la tienda a comprarte alguna ropa y calzado. A mí no me importa lo que hayas hecho hasta este momento. A partir de ahora vas a tener alguien a quien rendir cuentas de lo bueno o malo que haces.
No vas a dormir más en la calle y, por ahora a tus amigos de la calle los saludas, les das tu afecto; pero no puedes hacer lo que ellos te enseñen o hagan sino lo que yo te enseñe. Tu líder, a partir de hoy es tu nuevo papá.
YP ¿Estás de acuerdo?
Joven: Si señor.
El joven tenía un sucio de días sin bañarse. Busqué dos franelas que conservo de la celebración del encuentro de los Cincuenteros y Setentosos, hace 2 años y ropa interior para que se bañe.
YP: Entra ahí, Cierra la puerta y báñate. Con esta franela te secas y esta otra te la pones. Estrújate bien el cuello con jabón de cuaba, que tienes costra y luego vuelve enjabonarte con jabón de olor.
Pasaron unos minutos, yo trabajaba en la computadora y el joven sale de bañarse con ropa limpia y con la sucia en la mano, solicitando una funda para llevarla a casa de su abuela. El olor del jabón inundó el salón. Mis elogios no se hicieron esperar.
Ojalá que la abuela lo mantenga en su hogar y el concho lo traiga cuando se lo solicite.
Los niños de la calle son muy difíciles de reeducar porque no han tenido ninguna norma de hogar.
Lo he intentado con Petete y con Manolín sin ningún éxito. Sé las razones por las que con Petete no ha sido posible; pero no tengo explicación por Manolín, que no sea que está imitando a su padre que vive en la puerta de los grandes negocios solicitando dinero y Manolín lo imita.
A eso le llamamos en psicología «Lógica Profunda», cuando los niños copian los valores o antivalores, deseos y motivaciones de los padres.
Pero el joven de esta historia si se puede sacar de la calle. Ojalá los pocos familiares que tiene aquí contribuyan con darle alojamiento, lo demás lo hace el programa.
Ese es uno que se puede salvar
administrator

Related Articles