SANTO DOMINGO: Aritmética electoral: Luis Abinader podría terminar en un 57%

SANTO DOMINGO, RD.- La estadística y la matemática electoral, en combinación con la psicología electoral, pueden indicar la tendencia en los resultados electorales de un proceso determinado.

 
Para ver y conocer la evolución de los resultados electorales hay que tomar en cuenta el movimiento de los votos duros y flotantes de los partidos políticos.
 
El voto duro es el que más se resiste a moverse de un partido a otro; pero no quiere eso decir que en determinado momento histórico electoral una franja de ese electorado no decida pasar de un escenario a otro; sino que, realmente, hay momentos estelares en la vida de una estructura política, que por fisuras o fragmentaciones internas, el voto duro se rompe y una parte emigra a otra estructura electoral.
 
Diferente al voto duro es el voto flotante, compuesto por los indecisos, por los que buscan una propuesta de gobierno acorde con sus creencias, por los que votan por quien va a ganar, por los que quieren cambio, por los que quieren una mejor administración de los bienes públicos…,  el cual  se mueve con relativa facilidad en función de la posibilidad electoral de los actores en  las elecciones.
 
Todo partido tiene un voto duro y otro flotante; lo que siempre debe procurar un partido político es preservar sus votos duros y flotantes y conquistar el voto flotante del partido contrario; por esa  razón es el afán de algunos “estrategas” de manejar percepción, para hacer creer, construyendo un espejismo a sus votantes frágiles, que el proceso electoral le favorece; porque es sabido por los políticos que ese votante es un voto golondrina, que volaría hacia otro territorio con un  ambiente electoral más confortable.
 
El mercado electoral del PRD se divide, y en las elecciones del año 2016 una fracción pequeña del voto duro, el 5.87%, se quedó en el PRD con Miguel Vargas, y la otra parte, más de un 26%, como partido, se integró en el PRM, el cual obtuvo más del 35%  con los aliados, de los votos emitidos en ese certamen electoral.
 
Es claro que en ese momento el votante flotante del mercado de origen perredeísta votó, en su mayoría, por el partido que en esa ocasión tenía a su favor la percepción de que ganaría las elecciones, el PLD y su candidato.
 
Para las elecciones del año 2020, el PRM ha logrado hacer retornar su voto flotante que se fue a apoyar al PLD en elecciones anteriores y el voto duro que se había quedado en el PRD, lo que le ha permitido unificar a su alrededor el viejo mercado electoral que una vez perteneció al perredeísmo.
 
La situación actual en términos electorales del PRM es que va a sumar el voto flotante que en la historia electoral de sus competidores electorales ha oscilado en alrededor de un 9%; lo que quiere decir que si el PRM le suma a su reagrupado mercado electoral los votos flotantes provenientes del litoral de sus adversarios podría llegar al 57% en el resultado electoral, a favor de Luis Abinader.
 
Es bueno destacar que en momento de fragmentación del voto duro de un partido político una parte de ese voto podría tener tendencia a abstenerse o a votar por el partido que tenga a su favor la percepción de que va a ganar las elecciones; en ese caso la posibilidad del PRM sería la de  sobrepasar el 57% de los votos…
 
En tanto, que el PLD, al perder el 9% del voto flotante y además aproximadamente un 9% o 10% del voto duro que se fue con Leonel Fernández o con los demás adversarios electorales, quedaría en aproximadamente un 30% o 29% del electorado dominicano.
 
Es indiscutible que el partido de gobierno mantendrá una lucha contra una tendencia indetenible: la población electoral se aglutina en la dirección de quien ella considera ganará las elecciones; o sea, de alinearse en torno a la candidatura de Luis Abinader; el PLD y el gobierno harán todo lo posible para frenar la pérdida  de adeptos electorales, tarea que se le ha hecho y se le hará difícil, debido a la psicología electoral de una franja importante de la población que vota por quien va a ganar.
 
La intención de frenar el flujo de votos provenientes del mercado electoral, que en algún momento se nucleó alrededor del PLD, hacia el mercado electoral que sustenta la candidatura de Luis Abinader es muy evidente en las acciones de manejo de percepción que implementan los “estrategas” electorales del partido oficialista; ese manejo de percepción a veces llega a niveles  desatinados, quitándole efectividad a la consecución de los objetivos planificados por esos hacedores de “estrategias”.
 
Es sorprendente que los “estrategas” electorales del candidato oficialista publiquen “encuestas” que diga que su candidato ha subido 22 puntos, sin pensar que la simple aritmética electoral los pone en una situación incómoda, porque no podrían demostrar  cómo su candidato conseguiría 1%  semanal durante 22 semanas; un punto es  más de 50 mil votantes del voto efectivo en la República Dominica en el actual proceso electoral.
 
Para subir un 1% hay que convencer a algo más de 50 mil personas, en edad de votar, de que voten por un candidato del PLD; eso equivaldría a persuadir a más de un millón de personas en 22 semanas de votar por ese candidato, cosa que no es posible en la vida real electoral dominicana en las actuales circunstancias.
 
El partido del oficialismo está fragmentado en su voto duro; situación política-electoral, conjuntamente con el desgaste que le ha generado estar al frente de la administración pública, que pone a esa entidad política a caminar contra la corriente de la tendencia electoral.
 
Es ilógico tratar de desconocer que un voto duro fragmentado genera por sí mismo la percepción de que el partido que haya sufrido tal ruptura no ganaría las elecciones; y ese desconocimiento puede conducir a los dirigentes políticos y a los “estrategas” electorales del  partido dividido a impulsar acciones tremendistas, en cierta medida, hijas de la desesperación; las que siempre hacen más daño que bien a los planes táctico-estratégicos de quien las implementa.
 
La ruptura del voto duro no solamente genera la percepción de que el partido que ha sufrido tal quebradura no ganaría las elecciones, sino que hay una aritmética electoral que expresa claramente que los votos podrían no ser suficientes, por simple cálculo electoral, para ganar las elecciones por parte de esa entidad.
 
Esa realidad, a su vez, incentiva al voto flotante a salir huyendo desde el mercado electoral reducido, por la fragmentación de su voto duro, hacia el mercado electoral, que según su apreciación, va a ganar las elecciones; así está  ocurriendo actualmente, que el candidato del PRM Luis Abinader concita una gran simpatía electoral que le permitirá ganar cómodamente las elecciones venideras, a pesar de la cultura fraudulenta de algunos sectores que gravitan en la vida política dominicana.
 
Limitar la psicología electoral al efecto que puedan tener las dádivas con fines electorales es un gran error de táctica y estrategia electoral; es un mal cálculo tratar de comprar el nido y la golondrina electoral; pensar que el “obsequio electoral” por sí solo determinan el comportamiento de los electores de un sector específico de la sociedad, es desconocer la psicología y la sociología electoral de un conglomerado social históricamente determinado.
 
Quien recibe un “presente” electoral puede que considere tal “desprendimiento” como una migaja, o una simple publicidad electoral, o un acto de desesperación del candidato que  lo proporciona, o una forma para engañar al candidato que lo suministra, o como una manera de tener acceso a un pequeño ingreso…; hay una franja creciente de los grupos que reciben dádivas que no guardan lealtades electorales a quien se las facilita.
 
La dádiva electoral con promesas de garantizar una mejor situación laboral, social y económica para quien la recibe, tiene resultado diferente frente a las que se otorgan con el único propósito de comprar la voluntad electoral…; pero siempre existe la duda de que esas promesas sean cumplidas, por lo que ambas formas de dádiva electoral no siempre garantiza adherencia por parte de quien la recibe hacia quien la concede.
Por: Juan Manuel Rosario
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