SANTO DOMINGO: Desde la llamada de Pompeo las cosas van mal para el expresidente Medina

SANTO DOMINGO, RD.- Desde el 11 de julio de 2019, cuando la llamada del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, abortó las intenciones reeleccionistas de Danilo Medina, al expresidente dejó de sonreírle el éxito político.

 
No pudo reformar la Constitución para una tercera repostulación presidencial, su partido se dividió y perdió las elecciones presidenciales, congresuales y municipales, y ahora dos de sus hermanos son procesados por supuestos actos de corrupción durante su gestión.
 
Medina gobernó de 2012 a 2020, se mantuvo en la cúspide de la popularidad durante esos ocho años, y en los hechos encabezó el liderazgo del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), organización que era presidida, hasta octubre de 2019, por el expresidente Leonel Fernández, su rival político.
Medina es considerado como uno de los principales estrategas de su partido, que tiene en su aval no solamente haber gestado, junto a otros, la llegada al poder del PLD de la mano del Partido Reformista Social Cristiano en 1996, sino que haya sido posible su retorno en 2004.
 
En 2007 Medina hace públicas sus aspiraciones presidenciales, pero terminó derrotado por el expresidente Fernández, quien obtuvo por segunda vez consecutiva la Presidencia de la República.
 
En 2012 comienza a cambiar la historia para Medina, cuando gana por primera vez la Presidencia.
 
A partir de ese año sus estrategias políticas y su plan de gobierno les permitieron navegar con el viento a su favor, a tal punto que logró reformar la Constitución para reelegirse en el cargo en 2016.
 
Pero el deseo de materializar un tercer período presidencial provocó una crisis política en 2019, porque había que hacer de la Constitución otro traje a la medida de sus intereses. La famosa llamada de Pompeo, de la cual el Departamento de Estado se hizo eco, detuvo el proyecto de reforma constitucional que sería depositado en el Congreso por legisladores del PLD.
 
Después se desencadenaron otros hechos desfavorables para sus intereses como la renuncia del expresidente Fernández del PLD, quien formó la Fuerza del Pueblo y se llevó consigo una parte de la militancia peledeísta; y la derrota del candidato oficialista Gonzalo Castillo en las elecciones presidenciales que ganó Luis Abinader.
Con la frente en alto. Medina no solo tiene que lidiar ahora con la llamada soledad del poder, sino también con los cuestionamientos que pesan sobre Alexis y Magalys Medina Sánchez, a quienes la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (Pepca) vincula a una red de exfuncionarios y testaferros que se habrían enriquecido aprovechando sus vínculos con el poder político.
 
Ese proceso judicial apenas comienza, pero para el expresidente representa un atropello y un abuso, “típico de cobardes”, “y que si se sigue el debido proceso, el tiempo se encargará de decir que son inocentes”.
 
Dos días antes de dejar el poder, Medina hizo una especie de rendición de cuentas al inaugurar un hospital en Neiba, donde dijo que se iba “con la satisfacción del deber cumplido” y “con la frente en alto”.
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